“Me duele la barriga.” “No tengo ganas.” “Hoy no quiero ir.”
Al principio parece algo puntual. Un día, dos. Pero poco a poco empieza a repetirse.
Las mañanas se vuelven más tensas. Las excusas más frecuentes. Y algo dentro te dice que no es solo pereza.
Le preguntas qué pasa. Te dice que nada. Pero ya no sonríe igual. Se aísla más. Se enfada con facilidad o está más apagado.
A veces no lo dicen… pero lo están viviendo
El acoso escolar no siempre es evidente. No siempre hay golpes. No siempre hay insultos delante de adultos.
A veces ocurre en silencio: en una risa, en una mirada, en no dejarle sentarse, en un grupo de WhatsApp donde alguien queda fuera.
Y cuando eso se repite… duele. Duele hasta el punto de hacer que un niño o adolescente deje de sentirse seguro en un lugar donde debería poder ser él mismo.
En Aragón, solo en este curso, se han activado más de 400 protocolos por posibles casos de acoso escolar en apenas dos trimestres, una cifra que incluso supera a todo el curso anterior completo .
Posibles cambios que podemos observar
- Ya no quiere ir al colegio.
- Está más irritable o más triste.
- Tiene dolores físicos sin causa médica clara.
- Se aísla o deja de hacer cosas que le gustaban.
- Su autoestima se resiente.
- Empieza a decir cosas como:“nadie quiere estar conmigo” o “todo lo hago mal”.
¿Qué podemos hacer como madres y padres?
A veces no es fácil detectar estas señales. Es por eso que será importante mantener una comunicación fluida en casa, que el niño/a o adolescente sienta que el hogar es un lugar seguro en el que confiar y donde pueda expresarse sin censura. No minimizar lo que sienten y las preocupaciones que tienen. Como adultos nos pueden parecer banalidades pero en la edad escolar, esas situaciones pueden desbordarlos emocionalmente. Sentir que sus emociones son validadas y que hay alguien que les escucha, puede ayudar a que se sienta cómodo/as a compartir experiencias vividas fuera de casa.
Por eso, cuando detectamos que nuestro hijo/a puede estar sufriendo de acoso, hay algunas pautas que nos pueden ayudar en esa primera conversación:
- Escuchar sin juzgar.
- No minimizar (“son cosas de niños”).
- No culpabilizar.
- Validar lo que siente.
- Buscar apoyo si se necesita.
Teléfono de ayuda gratuito para casos de acoso escolar: 900.100.456
No se trata de hacerlo perfecto como madres/padres, ya que es una situación que a nosotros mismos nos puede, también, sobrepasar emocionalmente. Por ello, si es necesario, primero, podemos abordar nuestras preocupaciones entre adultos para intentar no trasladar más presión a nuestro hijo/a.
¿Y qué pasa con la escuela? Cómo actuar como familia
Aunque no se tenga toda la información clara, es importante trasladar la preocupación al centro educativo. Puedes hacerlo a través de la Tutoría, el Departamento de Orientación o el Equipo Directivo.
La coordinación con la escuela es fundamental. En Aragón, contamos con el protocolo de acoso escolar que tendrá que activarse desde el Equipo Directivo del centro educativo. La familia y el centro educativo deben ir de la mano. No es una lucha individual sino un trabajo conjunto. Cuando ambas miran hacia el mismo lugar, la intervención es más rápida, más efectiva y más protectora.
Los datos muestran que los casos comienzan a aumentar a partir de 4º de Primaria y se concentran especialmente en Secundaria.
Existe un Equipo Especializado de Orientación Educativa en Convivencia Escolar que atiende a las diferentes provincias de Aragón y que se le puede solicitar ayuda en casos graves o cuando genera dudas cómo abordar el protocolo desde el centro educativo.
Además, es importante que el centro trabaje en la dinámica del grupo, la educación emocional, la empatía, la reparación del daño, etc. El acoso no es solo cosa de dos, es algo que ocurre dentro de un grupo. Por lo que concienciar a todos es parte también del cambio.


